El camino a Kalipay
Nosotros no empezamos aquí.
Así como tú, tuvimos que encontrar nuestro camino.
Para encontrar algo que en realidad nos funcionara
probamos muchos que no.
Es más, en realidad, ninguno nos funcionó,
y eso era algo realmente frustrante.
Por una u otra razón, aquellas opciones frente a nosotros
simplemente no eran las adecuadas.
¿Te ha pasado igual a ti?
Así que hicimos lo que teníamos que hacer
y nos decidimos a crearlo.
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Para nosotros fue así...
Todo empezó con dos pequeños,
dos caras muy distintas de la misma moneda,
cada uno con características y necesidades muy particulares
pero al final...
dos que no parecían encajar en absoluto
en el lugar en el que estaban
lo que, como mamá, te rompe el corazón.
Uno de ellos inquieto, curioso, preguntón, retador...
deseaba (y necesitaba) más de lo que recibía
por parte del sistema tradicional.
Otro, altamente sensible, analítico, reservado...
que requería una aproximación más paciente y empática
alejada de las prisas y el bullicio de un aula
enfocada en tachar actividades de una lista.
Tus hij@s quizá se parezcan a los míos,
quizá sean completamente diferentes,
pero estás aquí, así que puedo concluir que
Ninguno encajaba en el molde de alumno modelo.

El peregrinar
Pensamos que quizá el sistema en ESA escuela
no era el indicado,
e hicimos lo que la gran mayoría, cambiar de escuela.
Con cada cambio
esperábamos que el siguiente fuera el definitivo.
Durante mucho tiempo nos dijimos “ahora sí”
(como seguramente te ha pasado),
estabamos seguros
de que finalmente encontraríamos la opción correcta.
Un cambio, esperanza...
otro, desilusión...
otro, desengaño...
7 escuelas,
más si contamos aquellas
donde sólo pasaron de visita para ver si,
finalmente, el sistema les funcionaba... desconsuelo total.
Todas con diversas metodologías, filosofías de enseñanza
y formas de trabajo,
y aún así...
Ninguna funcionó.
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Las "soluciones"
Por supuesto que no nos basamos simplemente en nuestra opinión,
cumplimos con lo solicitado:
estudios neurológicos, psicólogos, talleres (niños y padres obvio)
pero nada de eso bastaba,
porque al final,
aunque todos los estudios probaban que ambos estaban bien,
que no existía ningún problema,
cuando incluso los especialistas proponían en sus resultados
formas útiles para trabajar con ellos...
al llegar a una nueva escuela estos papeles
se archivaban en un nuevo cajón
y la letanía empezaba de nuevo:
“Señora, hay que medicar a este niño”
“Ya se acostumbrará, déjelo llorar”
“Debería meterlo a una escuela militar para “ajustar” su conducta”.

El entendimiento
En verdad creo
que no es que el camino tradicional no funcione,
hubo muchas buenas experiencias,
maestras que se pusieron la camiseta y aceptaron el reto...
también muchas que no;
y se entiende, no es su culpa,
si atender a una criatura resulta complicado,
la tarea de trabajar con 20 de ellas
de manera personalizada es casi imposible.
Y comprendí,
como quizá ya lo has hecho tú,
que el sistema funcionó para mi,
pero no necesariamente tenía que funcionar para todos,
y para mis hijos...
estaba claro que definitivamente
no funcionaba en absoluto.

Así que ¿así sería?
¿esas eran las opciones?
¿Medicarlos o romperlos
para hacerlos encajar?
NO.
Por supuesto que no.

La decisión
Y es aquí donde resultó maravilloso entender...
que siempre habrá opciones.
Si los caminos ante nosotros no eran la opción,
abriríamos uno nuevo.
¿Qué eso no resultaría fácil?
Por supuesto que no,
pero dicen por ahí que:
“las cosas no necesitan ser fáciles, solo posibles”
Y era posible,
y si no... estábamos totalmente dispuestos a trabajar
y a luchar por hacerlo posible.
¡Y lo fue!

Y créeme,
¡también lo será para ti!
¿Y sabes qué es lo mejor?
Que no tienes que recorrer este camino sola...
Yo ya lo recorrí primero
y estaré encantada de recorrerlo junto a ti.

